Ref. BMSM0063

Eusebius, capitán de La Nave de Baco

Prólogo de Juan Manuel Bonet.

Al terminar la primera gran conferencia de Eusebius, un periodista escribió: «Se nos apareció como un hombre antiguo de la corte alborotada y loca de Dionisos». Y al morir, diarios de una y otra trinchera culparon a su «ironía atlética» de haber convertido en Literatura sus crónicas. Eusebio García-Mina (1890-1944), que pidió prestada a Schumann la máscara de Eusebius, fue uno de los críticos musicales mejor relacionados del pasado siglo. Punzante, irreductible frente a los convencionalismos, incluyó en su cartera de amistades a los grandes artistas de la época: Maurice Ravel, Arthur Rubinstein, Wanda Landowska… Armado de voluntad, los convenció para que fueran a tocar a Pamplona, su ciudad, donde escribió gran parte de sus textos. Para sobrevivir al tedio y a esa guerra que mutiló la música durante tres años –cerca de su casa no había edificios lo suficientemente altos como para tirarse y lograr la defunción–, capitaneó La Nave de Baco, un grupo de amigos que encontró consuelo para el alma en los libros, el alcohol y el mantel. Gracias a su agenda, enroló en el barco de forma permanente a Gustavo de Maeztu; y a Ignacio Zuloaga, de modo circunstancial. Este libro recorre la música de los treinta entre copas y balas. Ofrece el cuadro de una época, pero también el rescate de un autor imprescindible para emborracharse de la mejor escritura en pentagrama. «Maravilloso cantor», así lo define Juan Manuel Bonet en el prólogo, que incluyó a Eusebio García-Mina en su Diccionario de Vanguardias. La independencia a la hora de escribir obligó a Eusebius a buscar escolta en varias ocasiones. Amenizó un banquete nazi con un ingenioso discurso para, poco después, ser detenido por la Gestapo. Murió en septiembre de 1944. Se quedó a las puertas de una Europa que empezaba a ser más libre.

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