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Prólogo de José Luna Borge.
«En suma, Homero mendigaba; Virgilio y Horacio adulaban; Villon atracaba; el Aretino se las sabía todas... Bajo Luis XIV se buscaban pensiones. ¡Cuántos parásitos bajo Luis XV! Balzac se arruina en hábiles bancarrotas. Lamartine pide. Verlaine vive de trampas y limosnas. Muchísimos trabajan en oficinas. Copistas, redactores, o sea, subordinados, en Defensa, Justicia, en Asuntos Religiosos, en el Ayuntamiento; en muchísimos despachos hay un autor...». Este párrafo es de un artículo de Valéry sobre Mallarmé. Yo me veo entre esos subordinados que trabajan en oficinas. Un funcionario de Justicia al que a diario le cuentan historias. Y así me ven muchos. Por eso me dicen: «¿Por qué no escribes algo con esas novelas que te encuentras todos los días?». Tras finalizar el diario de 2023 me propuse escribir sobre esas vidas y horas de mi negociado, sobre los desheredados y excluidos, los actores de la justicia penal. En poco tiempo, vi que había escrito demasiado. Letras y párrafos cuyo más notorio atributo no es la complejidad. Pero, parafraseando a Borges, diré que la edad me ha enseñado cierta resignación, que no sé si es lo mismo que ser menos exigente. Así que he decidido dar estos escritos a la mirada general: crónicas de sucesos, días y noches de un jurista. Y también los viajes y cuentos, la vuelta a esos chasquidos egotistas del diario, recuerdos, quincallería verbal. A. F.