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Edición de María Teresa González de Garay.
«Somos ricos de alegría interior, de fe en nuestras obras individuales y colectivas, de esperanza en la resurrección de nuestra patria y orgullo. Mantén bien alto, amigo mío, tu orgullo de emigrado y envuélvete en él siempre que la tiesura de tu ánimo amengüe porque somos hombres y no dioses, y por hombres aquejados de desfallecimientos. Tu orgullo te dará la reciedumbre que pasajeramente te falta. Y junto a tu orgullo individual de emigrado pon el orgullo de tu pueblo, el que se ha batido contigo o por ti durante tres años y que hoy, si ya no se bate, se debate entre ligaduras, muros y piquetes. No aceptes diálogos con quienes te digan que la derrota los ha manchado, porque existe un género de miopes morales que no sabe ver sino pegándose las cosas a los ojos...». Paulino Masip «La finalidad de Masip en estas Cartas, que podríamos caracterizar como pertenecientes a “un género híbrido, a medio camino entre la carta y el ensayo” era la de “develar un –en apariencia imposible– “programa de armonía de contrarios”, que convertirá ese terrible accidente de la historia [el exilio] en un acto de comunión entre dos pueblos”. Obviamente, Masip defendía que el exilio republicano español tenía que asumir en 1939 un compromiso moral de “ejemplaridad” política y profesional en sus respectivos países de acogida, un compromiso si cabe mayor en el caso de los intelectuales». Manuel Aznar Soler