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Traducción de Jorge Subirá.
En El pequeño lord, la autora, inglesa emigrada a Norteamérica y de una familia venida a menos por la muerte del padre, nos cuenta la historia de Cedric, un pequeño huérfano neoyorquino que viaja a Inglaterra tras descubrirse que es el único nieto de un viejo aristócrata inglés que lleva un vida solitaria en un imponente castillo, desengañado ya de todo. El reto del siempre natural y animoso Cedric será conquistar el endurecido corazón del anciano. El del abuelo, que creía no esperar ya nada de la vida, el no menos difícil reto de sentir cariño de nuevo, de dejarse conquistar. Aunque nacida en Inglaterra, se considera a Frances Hodgson Burnett como americana por haberse establecido muy joven en los Estados Unidos, donde contrajo matrimonio por dos veces, la segunda con un escritor. Fue también allí donde concibió y publicó todas sus obras. Conocedora y amante de sus dos patrias, la nativa y la de adopción, y consciente de las profundas diferencias temperamentales que existían entre ambas, parece como si la escritora hubiese querido en El pequeño lord estrechar los lazos que habían de unir la vieja metrópoli con su excolonia, poniendo de relieve que las excelencias del carácter ingenuo y democrático de la gran república no se oponían a las exquisitas maneras y a la constitución tradicional y aristocrática de la vieja Inglaterra. Y para ello escogió un asunto sencillo, emotivo y simpático, un verdadero cuento de hadas, el cual ha cautivado a grandes y pequeños a través de repetidas ediciones y varias adaptaciones cinematográficas.