Menú
- inicio
- Catálogo
- Poesía y Teatro
- Historia y Memorias
- Narrativa y Ensayo
- Bibliotecas de autor
- Ulises
- Revistas
- Autores
- Prensa
- Comunidad
- Nosotros
- Digitalización
Prólogo de Elvira Roca Barea.
El río Misisipi, en cuyas orillas se producen los primeros encuentros entre Bernardo Gálvez y las tropas inglesas se va a convertir, a partir de la paz de París de 1783, en la barrera entre los dominios españoles de los Estados Unidos. Tras la muerte de Bernardo Gálvez, siendo virrey de Nuevo México, la viuda, Felicitas St. Maxent, viaja desde México a España y Francia; lo que es en parte un recorrido sentimental por los mismos lugares donde vivió con su marido pero también la ocasión de esclarecer las verdaderas causas de la muerte del virrey en circunstancias misteriosas. Mientras, tanto en España como en Norteamérica, se producen sucesos inesperados que afectarán a la vida de Felicitas... El pánico ante los excesos de la Revolución Francesa provocan una reacción del gobierno español que sospechando las simpatías de Felicitas con las ideas revolucionarias la destierra a Valladolid. Felicitas viaja a París para ver a su antiguo amante, Francisco de Miranda, y el gobierno francés del Terror la acusa de ser una espía de España y la obliga a viajar como agente revolucionario a Nueva Orleans, para fomentar la rebelión contra las autoridades españolas de la Luisiana. El rastro sinuoso y pegajoso del azogue –que posiblemente le costó ya la vida a su marido–, llevará a Felicitas de vuelta a su ciudad natal. Los rescoldos de un incendio harán que las aguas del río Misisipi bajen en llamas, como si en vez de aguas terrosas fluyera mercurio.