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Prólogo de Manuel Neila. Edición de Manuel Neila.
Al igual que William Faulkner, por cuya obra manifestó una admiración inquebrantable, Juan Benet renunció a la práctica de la poesía lírica, incluso de la dramática, para entregarse por completo al cultivo del cuento, la novela y el ensayo. Lo cual no fue óbice para que mostrara una particular admiración por la lírica española del siglo xx, además de practicar ocasionalmente el oficio de poeta. Los poemas que el autor de La inspiración y el estilo fue escribiendo a lo largo de casi medio siglo, entre 1944 y 1992, y que ahora ofrecemos a la atención de los lectores bajo el título de La elegancia del desánimo, contienen un valor peculiar dentro de su obra. En ellos aparecen esbozadas algunas de las preocupaciones primordiales del autor: el destierro en el tiempo, el extrañamiento existencial, la relación con el mundo físico, la pasión amorosa y la conciencia vigilante; todo ello enmarcado en un medio rural, ¿el territorio mítico de Región?, que Juan Benet exploró de manera persistente en sus escritos, con las sombras de la guerra europea al fondo. La publicación de La elegancia del desánimo pretende, por una parte, dar a conocer la obra poética de uno de los escritores españoles más originales, inédita en su mayor parte hasta el momento presente, y por otra, echar algo de luz sobre la relación conflictiva del poeta épico con el poeta lírico, en tiempos particularmente adversos para la lírica.