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Poco se sabe acerca de esta monja, más allá de lo que aparece escrito en su autobiografía. Antonia nace en Medellín en 1593, hija de padres cristianos. Estos juran a la Inmaculada Concepción que, si Antonia sobrevive, su hija se dedicará enteramente al estado religioso. A los once años y tras la muerte de su madre en el parto, Antonia entra sin ninguna vocación en el convento de franciscanas concepcionistas de Medellín (Extremadura), echando de menos a su padre y dudando de su validez como monja. Todavía sin vocación, profesa bajo el nombre de Antonia de Jesús y vive unos cuantos años «en pecado», hasta que sufre un proceso de conversión que cambia su forma de ver el mundo y la religión, al más puro estilo agustiniano. Antonia cambia su comportamiento y empieza a vivir de la forma más devota posible, deshaciéndose de tentaciones y cambiando sus hábitos. Por todo ello, su confesor le manda que redacte su autobiografía, donde destacan su infancia, su conversión, las experiencias místicas y las reflexiones interiores sobre el pecado y su lugar en el convento. Muere piadosamente en 1627, a los 34 años, con aura de santidad.
Un testimonio sorprendente sobre la vida espiritual de una monja enclaustrada del siglo XVII.