6 marzo 2017

EL SENDERO OCULTO DE ELENA FORTÚN

Por Maria Jesús Leza.

De niña crecí con los libros de Borita Casas, creadora de “Antoñita la Fantástica”, una niña madrileña perteneciente a la clase media, salada, simpática e imaginativa, que me deleitaba con sus historias mezcladas con ingredientes cotidianos y fantásticos. Luego oí hablar de Elena Fortún, escritora que se hizo popular en los años treinta dentro las páginas de “Gente menuda”, suplemento infantil de la revista “Blanco y negro”, con las aventuras de Celia, una niña, que quería ser escritora, criada en el seno de una familia madrileña de la burguesía.

Por lógica y cronología pensé que Antoñita vendría a ser como la sucesora de Celia y, aunque en los años cincuenta y sesenta los libros de Celia ya no se editaban, conseguí algunos de ellos, descubriendo que ambos personajes no tenían mucho o más bien nada en común. Me di cuenta de que Antoñita representaba a la niña “moderna” y graciosa pero que no se salía de los límites trazados por su condición social, tratándose las suyas de historias amables y divertidas salpicadas de risas o, como poco, sonrisas.

 Celia, sin embargo, a través de sus numerosos libros, se destacó como una niña traviesa, rebelde y trasgresora,  una niña que intentaba salvar los obstáculos y contrariedades dentro de sus peripecias con peculiar sentido del humor. A partir de “Celia madrecita” en la que se ve obligada a ejercer de madre para cuidar a sus hermanos a causa del fallecimiento de su progenitora, el asunto empieza a ponerse serio y, más tarde, a la par que el personaje crece en edad y estatura, los acontecimientos se van precipitando hasta el estallido de la Guerra Civil española, que Elena Fortún refleja con doloroso realismo cargado de emoción, en “Celia en la revolución”.

“Celia en la revolución”,  editado tardíamente en los ochenta debido a la censura, causó gran impacto y fue un éxito de ventas agotándose pronto la única edición. En él Celia, ya adolescente y en un Madrid machacado por las bombas y sitiado por los rebeldes fascistas, es testigo de una serie de hechos trágicos y luctuosos, siendo ella misma víctima de terribles penurias, hasta que consigue escapar del horror de la guerra embarcando rumbo a  Argentina. (Esta novela ha sido reeditada recientemente por Editorial Renacimiento con un extenso y notable prólogo de Andrés Trapiello).

También como Celia, Elena Fortún tuvo que exiliarse a Argentina, y ya  instalada en Buenos Aires, continuó escribiendo sobre el personaje de aquella niña que nació en 1928 y que fue tremendamente popular durante los años de la república.

“Oculto sendero”, novela inédita y testamento literario de la escritora que falleció en 1952,  acaba de salir a la luz gracias a la misma Editorial Renacimiento, de Sevilla,  dentro de la “Biblioteca Elena Fortún”, perfecta y magníficamente prologada por María Jesús Fraga y Nuria Capdevilla Argüelles. Elena Fortún escribe esta autobiografía novelada durante su exilio, qué firmó con el seudónimo de Rosa María Castaños. La protagonista es María Luisa Arroyo, pintora y antes niña que quería vestirse de marinero, alter-ego de la autora. Tras una infancia conflictiva, escrita al más puro estilo Fortún,  en la que es continuamente tachada de torpe y marimacho, y una adolescencia y primera juventud desdichada, a manos de una madre autoritaria con fuertes convicciones católicas que solo desea para su hija un matrimonio ventajoso, María Luisa acabará casándose con Jorge, su antiguo profesor de dibujo, en el que ve una salida y también una suerte de liberación, a pesar de ser ella contraria al matrimonio. La unión resulta frustrante y penosa, ya que Jorge, artista mediocre y sin carácter, se dedica a reprimir y amputar los sueños de realización de su esposa a través de la pintura, convencido de que la mujer debe de dedicarse únicamente al hogar y a “sus labores”.

A partir del traslado de la pareja a las islas Canarias después de la traumática muerte de su hija María José, comienza para la protagonista el camino de su verdadera vida, la emancipación económica por medio de la pintura, el descubrimiento del amor carnal y el sendero hacia el entendimiento de su homosexualidad, un sendero que avanza paralelo al conocimiento y la realización de su potencial artístico e intelectual. María Luisa Arroyo se irá reafirmando en su condición, dejando atrás los dictados de la mujer femenina y convencional para adentrarse en la modernidad inevitable al mismo tiempo que desgarradora. Ambientada en la España anterior a 1936, “Oculto sendero”, es una novela admirable que ofrece un retrato singular, único y necesario de la lucha y la realización de una mujer excepcional que contó con infinidad de seguidoras y que influyó notablemente en escritoras de prestigio como Carmen Laforet y Carmen Martín Gaite.  Ésta última adaptó en los años ochenta una serie de guiones de “Las aventuras de Celia” para el cine y televisión.

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