8 julio 2016

Prólogo de Luis Alberto de Cuenca a: España en mí

de Alejandro Roemmers

Conocí a Alejandro Guillermo Roemmers en los últimos años del siglo pasado, cuando presentó su libro España en mí en la Biblioteca Nacional de España. Fue en 1996, coincidiendo con los actos de conmemoración de los diez años del fallecimiento de Jorge Luis Borges. Los editores responsables de la revista Proa, fundada por Borges, eligieron poemas escritos por Alejandro durante su adolescencia en Madrid (1973-1977) para homenajear a nuestro país.

Ahora que se cumplen los treinta años del fallecimiento del maestro argentino, es su compatriota Roberto Alifano, reconocido escritor que fuera amigo y colaborador de Borges, quien ha impulsado la presente edición y seleccionado los textos con su criterio personal, para ofrecer al mundo literario español una muestra acabada y luminosa de la excelente trayectoria poética de Alejandro Guillermo Roemmers, quien ha obtenido ya importantes premios y distinciones como poeta, narrador y dramaturgo en su país y en el extranjero. Basten como ejemplo su novela El regreso del Joven Príncipe (Faja de Honor 2009 de la Sociedad Argentina de Escritores), traducida a más de veinte idiomas y con más de un millón de ejemplares vendidos, y su obra de teatro musical Franciscus, concebida como una gama de expresiones artísticas al servicio de un mensaje de concordia y fraternidad universal y aclamada por la crítica y el público, puesto en pie cada noche, en el Teatro Broadway de Buenos Aires.

Existen numerosos trabajos académicos sobre la obra de Roemmers publicados en diarios y revistas especializadas, entre los que quiero destacar el profundo y amplio estudio, llevado a cabo por profesores estadounidenses y latinoamericanos convocados por el Instituto Literario y Cultural Hispánico (ILCH), que aparece publicado en el volumen XV de la colección de Estudios Hispánicos bajo el título de La poesía de Alejandro Guillermo Roemmers, celebración de la existencia.

Alejandro, además de su interés por diversas expresiones de la cultura, es un activo propulsor de talentos no solo literarios sino de otras áreas artísticas –en especial la música, la escultura y la pintura–, y ha asumido una misión ética y solidaria como restaurador del humanismo frente a la «caótica modernidad líquida», en el decir de Bauman, en estos tiempos de desvanecimiento de los valores.

El vínculo fraterno de este prologuista con Alejandro se robustece más, si cabe, por su dedicación a la poesía. Una poesía templada en el yunque del clasicismo, que con clarividencia ha sido escogida por la importante Editorial Renacimiento. Los secretos del verso no existen para Roemmers, que disfruta de un oído privilegiado para el endecasílabo y para el soneto, en línea con ilustres predecesores suyos de la mejor poesía argentina de siempre, como Enrique Banchs, Leopoldo Lugones o el ubicuo Jorge Luis Borges. Con tensión y emotividad, desde las raíces de un alma generosa y solidaria, va enhebrando Alejandro sus versos con la sabiduría técnica de rigor, pero también dejándose el corazón en cada poema y ofreciéndoselo al lector en comunión que linda con el espacio de lo religioso. Porque la poesía de Alejandro Guillermo Roemmers es, además de un fruto muy bello, un producto empático que busca un cómplice en cada lector y no se limita a transmitir belleza, sino a comunicar imágenes y emociones que reproducen sensaciones y estados de ánimo de la humanidad en conjunto y de cada uno de sus miembros.

Alejandro nos muestra en su escritura poética el sendero que debemos seguir para ser felices en nuestra breve andadura sobre la Tierra, y que no es otro que el camino del bien y del amor, por más que el egoísmo y la maldad acechen en cada recoveco de nuestro viaje. Pero el poeta Roemmers no se rinde y sigue caminando y dando cima a su tarea de regalar la gracia de su canto a cuantos se acerquen a sus versos, e insiste en que es posible que la luz acabe prevaleciendo sobre las tinieblas si de verdad nos lo proponemos.

 

Luis Alberto de Cuenca

Real Academia de la Historia

Madrid, 7 de marzo de 2016