19 October 2026

XI DÍA DE LAS ESCRITORAS: LAS AMIGAS COMO FORMA DE LIBERTAD.

Texto de Christina Linares, editora de Renacimiento y comisaria de esta edición.

En este año 2026 celebramos el centenario de la fundación del Lyceum Club Femenino, por ello, y a modo de  homenaje, los textos seleccionados son obra de socias del Lyceum Club, ese espacio propio que, casi 15 años antes que Virginia Woolf ya reivindicó María Lejárraga en sus Cartas a las mujeres de España: “Lo esencial es que tengáis un lugar vuestro”.

Fue el primer espacio cultural, social y también laico para las mujeres.

Esto hizo que, como veremos en algunos de los textos, fuera muy criticado al principio. Cuenta María Teresa León en su Memoria de la melancolía: “En los salones de la calle de las Infantas se conspiraba entre conferencias y tazas de té. Aquella insólita independencia mujeril fue atacada rabiosamente. El caso se llevó a los púlpitos, se agitaron las campanillas políticas para destruir la sublevación de las faldas”.

 

Inaugurado el 4 de noviembre de 1926 en la Casa de las Siete Chimeneas, ahora sede del Ministerio de Cultura, acogió tertulias, conferencias, exposiciones de pintura, bailes…

Sus socias fueron pioneras en varios ámbitos, políticas, científicas, médicas, actrices, periodistas, compositoras o pedagogas, muchas de ellas feministas y adelantadas a su tiempo. Se dedicaron a la transcripción de libros al braille, como cuenta Rosario de Lacy en sus memorias: “se organizó una junta de amigos de los ciegos que dedicaba, en el club, una hora por la tarde a copiar en método braille los libros más interesantes”. Crearon la “Casa de los niños”, dirigida por Consuelo Bastos, donde se cuidaba, alimentaba y educaba a los hijos de madres trabajadoras, como veremos en los textos de Isabel Oyarzábal y Zenobia Camprubí.

 

Pero sobre todo fue un espacio de encuentro propio donde pudieron ser libres. Un lugar donde se forjaron inolvidables amistades, donde se tejieron redes entre mujeres que vencieron el espacio y el tiempo. Dice Elena Fortún en sus cartas desde el exilio: “No olvido que gracias a mis amigas del Lyceum conseguí todo lo que tuve”, “es preciso continuar espiritualmente aquella tertulia del Lyceum ayudándonos todas y ayudando a nuestras familias” y “esta semana hemos inaugurado el Lyceum en una mesa de un salón de té las que estamos aquí. Victorina, María Baeza, Herminia Peñaranda y yo. Nos reuniremos todos los viernes, para que no se pierda el lazo de unión”. Con la Guerra Civil llegó el fin y muchas de sus socias marcharon al exilio pero continuaron manteniendo vivo el espíritu del Lyceum, las amigas fueron consuelo, refugio y hasta tabla de salvación en el caso de Fortún:  cuando su marido se quitó la vida sus amigas estaban ahí para sostenerla e incluso acogerla. En el exilio la amistad se convirtió en esa “patria de los sin patria”, como la definió María Teresa León. “Decir: mi patria son mis amigos. Y no me equivoco jamás”.

 

Tratando de desplegar el mayor y más colorido abanico de textos, encontraremos poemas, extractos de memorias, crónicas, diarios, algo de ficción y cartas, muchas cartas. Todos ellos atravesados por un mismo lema: “Las amigas como forma de libertad", parafraseando a Elena Fortún en una carta de 1946: “En cuanto a las amigas es también una forma de libertad el tenerlas”.

 

Comenzaremos este viaje con recuerdos de infancia de Elena Fortún y Ernestina de Champourcin y un poema de Pilar de Valderrama sobre ‘la niña rara’, concepto tan cercano para muchas de ellas hasta que se encontraron; de juventud, con entrañables cartas de Carmen Monné y Carmen Conde; la forja del Lyceum, relatada magistralmente por Rosario de Lacy; el estallido de la guerra y el exilio, marcado sobre todo por la añoranza de las amigas como atestiguan en sus cartas María de Maeztu, Alicia Ortiz y María Martos; el comienzo de las despedidas como la de Consuelo Bastos a Elena Fortún en 1952 y el recuerdo de las que ya no están como rememora María Teresa León en el último texto de todos. Salpimentaremos estas evocaciones directas del Lyceum con textos relacionados con este, como son una entrevista en catalán de Irene Polo —no por ser ella socia sino su entrevistada—, la denuncia del racismo en el Lyceum Club de la Habana por Concha Espina en 1931 o un extracto del apasionado discurso de Clara Campoamor sobre el voto femenino del mismo año, en respuesta a su compañera del Lyceum: Victoria Kent. De esta hemos rescatado una carta que sugirió fuese quemada, escrita a Victoria Ocampo, amiga de muchas de ellas, sobre sus diligencias para sacarla de la cárcel cuando fue presa política del peronismo. Aquí su amiga no fue “una forma de libertad”. Fue La Libertad. Y finalmente contamos con una divertida crónica de cuando Carmen Eva Nelken (nombre real de Magda Donato) hizo amigas en la cárcel. Las presas fueron también para ella otra forma de libertad.

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