22 febrero 2019

Reseña de 'Cuentos de la Gran Guerra', de Matilde Ras.

Reseña de 'Cuentos de la Gran Guerra', de Matilde Ras, en el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo. Por Ángeles Ezama Gil.

Matilde Ras. Cuentos de la Gran Guerra. Prólogo de Ángel Viñas. Edición, introducción y notas de Mª Jesús Fraga. Sevilla. Espuela de Plata. 2016.

El libro de Matilde Ras Cuentos de la Guerra, publicado en Barcelona en 1915, no había vuelto a ser reeditado desde esa fecha. Mª Jesús Fraga, buena conocedora de la obra de Matilde Ras, nos ofrece ahora una nueva edición que cambia ligeramente el título con el objetivo de hacer reconocible de manera inequívoca cuál es el conflicto armado del que se trata. Un anticipo de este libro es la edición de textos de Elena Fortún y Matilde Ras que, bajo el título de El camino es nuestro, editaron Nuria Capdevila-Argüelles y Maria Jesús Fraga en 2014, en el que se incluían cuatro cuentos de la colección citada (cuatro diálogos).

No fue este el primer ensayo de la autora con el género breve. En 1913 había publicado en la revista Estvdio varios cuentos firmados con su propio nombre o con el seudónimo de Pepita Real; dos de ellos, «Primavera» y «La muerte», están recogidos en El camino es nuestro (Mª Victoria Navas Sánchez-Élez y Juan Ribera Llopis, «Matilde Ras (1881-1969). Epílogo lusitano al primer tercio del novecientos», 2007).

Cuentos de la Guerra es una colección temprana en relación con los sucesos de la Primera Guerra Mundial, ya que otras colecciones similares publicadas por escritores españoles son posteriores, como las de Juan Pujol, La Guerra Europea: cuentos y narraciones (1916) y Vicente Blasco Ibáñez, Cuentos de la Guerra (1918), que cita Mª Jesús Fraga en su edición. Habría que añadir que en 1915 Benigno Varela había publicado en Barcelona otra titulada Cuentos de la guerra ¡Por el káiser! ¡Por el maldito káiser!, y que si en la prensa de Madrid y Barcelona tales cuentos no se prodigaron mucho, sí fueron habituales en la revista uruguayo-argentina Caras y Caretas entre 1915 y 1919, y estuvieron presentes desde febrero de 1915 en periódicos locales como La Voz de Castilla, La Victoria: Semanario de Béjar, El Noroeste, El Popular, La Gaceta de Tenerife y La Crónica Meridional. Hay que sumar a estos cuentos la media docena de relatos de la colección La Novela Corta que, entre 1917 y 1923, abordan el tema, uno de las cuales (Pasiones) es obra de Carmen de Burgos (Roselyne Mogin-Martin, «La guerra de 1914-18 vista por La Novela Corta (1916-25)», 2014). 

En España fueron abundantes las colecciones de crónicas sobre la Gran Guerra (Manuel Martínez Arnaldos y Carmen Pujante Segura, «Neutralidad y beligerancia periodístico-literaria españolas en la primera guerra mundial. Notas introductorias», 2014), no así las de cuentos, que fueron, en cambio, muy habituales entre los escritores europeos y americanos. Así lo testimonia la antología publicada en español con el título de Cuentos de la Gran Guerra editada por Juan Gabriel López Guix en 2014, en la que se recogen cuentos de Rudyard Kipling, Joseph Conrad, Katherine Mansfield, John Galsworthy o Mary Butts, entre otros escritores; y las editadas en el ámbito anglosajón: World War I: Short Stories por Earl Lamm (1976), Lines of fire : women writers of World War I, por Margaret R. Higonet (1999), The Penguin Book of First World War Stories por Ann-Marie Einhaus (2007), World War I in American Fiction: An Anthology of Short Stories por Scott D. Emmert (2014), entre ellas. También monografías como la de Ann-Marie Einhaus The Short Story and the First World War (2013). Con todo, Javier Lluch afirma que «la guerra se vivió con pasión y muestras de esa escritura bélica no faltan, aun cuando el corpus literario español pueda resultar escaso» («Los españoles ante la gran guerra. La promiscua relación entre periodismo y literatura», en AA.VV., Letras desde la trinchera. Testimonios literarios de la Primera Guerra Mundial, 2015).

La recepción de Cuentos de la Guerra en 1915 fue prácticamente inexistente, excepto un breve comentario en La Lectura (I, 1916, pp. 190-191) de Ramón María Tenreiro, que resume muy acertadamente el objetivo de estos relatos, inspirados «en un santo sentimiento de horror hacia las calamidades que la guerra engendra y de admiración por las transformaciones heroicas que en el hombre más vulgar puede determinar la necesidad de la defensa de la Patria»; también acierta cuando señala que la contienda no se recrea en los campos de batalla «sino en el interior de las casas, en lo que la guerra va significando para cada individual existencia: trágico acabamiento para los unos; nacimiento heroico, ocasión de revelar aptitudes nobilísimas para los otros».

Estos cuentos de guerra, como señala su editora, son totalmente inventados, y no están inspirados en crónicas previas como sí lo están los de Pujol y Blasco Ibáñez citados y los de Sofía Casanova y Carmen de Burgos. Estas dos periodistas fueron mujeres pioneras en el ámbito de la crónica de guerra, junto con Eva de Campos (Consuelo González Ramos, Celsia Regis), Teresa de Escoriaza y Margarita Ruiz de Lihory (Manuela Martín, «Colonialismo, género y periodismo. Cuatro mujeres españolas en las guerras con Marruecos (1909-1927). Carmen de Burgos. Consuelo González Ramos, Teresa Escoriaza y Margarita Ruiz de Lihory», 2013), si bien sólo Casanova y Burgos trasladaron luego su experiencia de la guerra a sus cuentos y novelas. Colombine fue corresponsal de prensa en la guerra de Marruecos para Heraldo de Madrid en 1909; unos años después ejerció el mismo papel en la Gran Guerra (1916-1917) aprovechando sus viajes por Europa. Casanova fue la única que cubrió para ABC las dos guerras mundiales y la revolución bolchevique de 1917. Eva de Campos, Escoriaza y Ruiz de Lihory informaron sólo sobre la guerra en Marruecos. La relación entre la crónica de guerra y la novela corta ha sido abordada en algún trabajo de Noemí López Alcón («Las crónicas de guerra y la novela corta en las primeras décadas del siglo XX», 2014), aunque en este terreno aún queda mucho por hacer.


El libro recoge 27 relatos; junto a los textos narrativos, que son la mayoría, se intercalan 6 diálogos y dos que la editora tilda de «evocaciones líricas». Todos los textos constituyen asedios al tema de la guerra desde distintas perspectivas. El primer relato es «La patria» (la razón por la que se va al combate) y el último «La tumba solitaria» (el destino de muchos combatientes); tanto estos dos como los restantes evidencian la simpatía de la autora por el bando aliado (representado primordialmente en Francia); de hecho la mayor parte de ellos están ambientados en el frente occidental, aunque también, señala la editora, dos de ellos tienen como escenario el frente oriental y sus protagonistas son rusos («Polozoff», «Un día feliz»).


Los diálogos, con los subtítulos de fantástico, imaginario, incongruente o irracional, exponen algunas ideas generales sobre la guerra por medio de sombras o fantasmas de artistas («El diálogo de las sombras»), personajes literarios («Diálogo fantástico»; «Diálogo imaginario», «Diálogo incongruente»), entes abstractos («El diálogo de los siglos») o animales («Diálogo irracional»). El diálogo se utiliza en estos cuentos al modo clásico (el de Platón, Sócrates, Luciano, Juan de Valdés) como eficaz medio de confrontación de ideas, vigente todavía entre los siglos XIX y XX en escritores como Juan Valera (Cuentos, diálogos y fantasías, 1887), Francisco Pi y Margall (Diálogos sobre la belleza, 1899), Andrenio (Aspectos: Diálogos filosóficos y comentarios de costumbres, 1909) y José López Silva (La musa del arroyo: Diálogos madrileños, 1911), entre otros. A través del diálogo se confrontan dos modos distintos de hacer la guerra: el del siglo XX y el de periodos históricos anteriores; y es que la Gran Guerra trajo consigo modos de combatir desconocidos hasta entonces, que supusieron la utilización de terribles máquinas que deshumanizaron la guerra y fueron enormemente dañinas para el ser humano.


Otros dos relatos derivan por el cauce de lo poemático: «La canción de los trenes blindados» y «La tumba solitaria», este último de evidentes ecos becquerianos.


La mayor parte de los cuentos son narrativos y con una estructura similar en todos los casos: situación inicial que cambia con la guerra y se cierra con la vuelta del héroe, y en ocasiones con un final trágico («I promessi sposi», «Quand même», «Polozoff»). La experiencia bélica causa heridas físicas incurables («El hombre más afortunado del mundo»), la locura incluso («Ícaro»), pero también imprime valores personales que suponen una quiebra de lo vivido hasta el momento y un importante cambio en lo más íntimo; la guerra dignifica incluso al hombre más insignificante, pone a prueba a los hombres, disuelve las diferencias entre ellos («Rivalidad», «Un cristiano», «Un caso extraño»). Los hilos conductores de los cuentos son los temas del patriotismo y el heroísmo (el siglo XX se afirma como el siglo del heroísmo en relatos como «Diálogo de los siglos» y «Plática doméstica») y la dicotomía barbarie/civilización que dota de unidad a la colección, según la editora. La diversidad de seres humanos a los que la guerra afecta se percibe en estos cuentos protagonizados por franceses, alemanes, judíos o rusos, en tanto que las protagonistas femeninas son muy pocas («Patria», «Antes y después de la guerra»).


Cuentos de la Gran Guerra es un libro que se lee con gusto: está muy bien editado, y la introducción de Mª Jesús Fraga, que demuestra su cabal conocimiento de la obra y circunstancias de la autora, contribuye a contextualizarlo adecuadamente para que el lector pueda acceder a una interpretación del texto lo más ajustada posible al momento histórico en que se publicó.

ÁNGELES EZAMA GIL
UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

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