16 abril 2021

Reseña de 'Mi cárcel' en La Razón

Por Julián Herrero

Generalmente, la aristocracia no pisa la cárcel. Privilegios, amistades y vericuetos legales suelen bastar para regatearla. Pero no es una norma escrita. No siempre se ha cumplido. Miren, por ejemplo, a la prisión de Brihuega, donde tenemos algún ilustre, eso sí, sin sangre azul. Bastante más pedigrí tenía Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura (1936-2008) cuando ingresó el 27 de marzo de 1969 en una de esas lánguidas celdas del franquismo. ¿Su delito? “Haberme colocado, públicamente, al lado de los que no tienen privilegios”, confesaba la duquesa de Medina Sidonia en sus memorias. Una actitud que, aseguraba “una pérdida de esos privilegios que se adquieren por nacimiento, pues para conservarlos se exige permanecer al lado de los que los detentan, no de aquellos que jamás los tuvieron”.

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Fuente: La Razón

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